lunes, 10 de diciembre de 2012

Si desear morir fuera suficiente...

Estos meses he pensado mucho en como quiero morir.

He pensado que una muerte voluntaria siempre es incitada por el amor, el amor al otro; el ideal de preservar la vida de quien amas. Dar la vida por el o por ella. También es incitada por el odio, el egoísmo  Ya sea el odio a si mismos, o por la idea de la libertad. La solución a todos los problemas.

Pienso que quiero vivir, vivir mucho tiempo. Cumplir mis sueños, ser feliz. Tener una familia, una vida normal.

Luego pienso si eso me haría feliz, y no tengo certeza alguna. Puedo cumplir mis sueños y ser infeliz. Y ser feliz sin cumplirlos.

Por lo tanto he llegado a la conclusión de que quiero morir el día en el que pueda decir: "Este es el momento mas feliz de mi vida". Así dejaría de prolongar mi existencia, perecería con una sonrisa. No con una lágrima, mientras espero la muerte y dejo a todos los que me aman con un dolor profundo. Habría encontrado lo que buscaba.

Ellos entenderán. Moriré feliz.

Sin embargo también he soñado con mi muerte, no es una idea que me embriaga. Solo lo veo como una posibilidad a la que todos debemos estar resignados. Quien sabe podría morir justo después de escribir esto y no se cumpliría mi deseo.

En el sueño, estaba en Santa Ana. Un lugar de mi infancia. Los ríos, las montañas, la naturaleza. Los campos de café, el frió, la piedra de media luna. Subía la montaña, no estaba sola. No me preocupaba de cargar nada, sabia que no iba a volver. Tampoco mi acompañante.

Mientras mas subíamos mas convencidos estábamos. Era una maravilla. Eramos parte del mundo. Nadie podía decirnos que hacer; eso era libertad en su máxima expresión. No necesitábamos nada mas que nuestro ser. Existíamos mas allá de un mundo superficial.

Había rastros de sangre. Dejábamos el dolor en el camino. Escuchábamos los animales. Fue un sueño tan real.

Nos detuvimos al ver lo que hacíamos, al ver que ya acababa nuestro ultimo día en el mundo. El atardecer desde la montaña digno de Dioses.

No dijimos nada. No necesitábamos hacerlo. Nuestros pensamientos fluían a la par, como ambos senderos junto al río en picada.

Jugamos con nuestras manos, el silencio perpetuo. La despedida de ambos cuerpos, la respiracion entrecortada. El latir de ambos corazones. Juntos. Cobijados por la noche, la luna las estrellas. El correr de la sangre. El puñado de vida. La sabia del cuerpo. Eramos dos, eramos uno solo. Esperando lo inevitable. Amándonos. No estábamos solos, nos teníamos el uno al otro. Era suficiente.

Esa era nuestra verdadera felicidad. La libertad.

Vimos las estrellas, abrazados. No sentíamos frió, no sentíamos calor. No teníamos hambre. Todos nuestros deseos eran saciados. Sin pedirlo. Solo con desearlo. Con la ferviente convicción, el amor al otro.

Juntos deseamos morir.  Teníamos el veneno en nuestro interior. Solo esperamos lo inevitable. En los últimos segundos de nuestra existencia mortal. Supimos lo que era vivir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario