Estoy pensando en los pros y los contras de vivir para siempre, de morir a destiempo, de ser un Amortal, de ser un enamorado de la muerte... Si valoramos o desperdiciamos tiempo, momentos o que estamos haciendo con nuestras vidas... O en vista de que no puedo generalizar por los demas, que estoy haciendo con la mia.. Somos Amortales a mi forma de verlo, estamos en el punto medio de la vida y la muerte deseando lo mejor de ambos mundos esperando hacer algo lo suficientemente bueno para poder escapar de todo, o para dejar un irrefutable legado en esta vida efimera... Segun muchos los amortales son los que viven la vida a su manera. Yo, los veo como fantasmas.. Que no estan ni muy aqui, ni muy alla... Solo esperan algo que los traiga de nuevo a la vida o que los lleve para siempre... No lo se. Entonces... Veo la vida muy corta, tal vez demasiado larga para mi gusto.. Pero ya no quiero estar triste, estoy cansada de estarlo. De luchar con mis demonios... De no prestar atencion a los instantes "Concentrarse en los instantes de la vida, que no es en sí misma más que un instante" dice Wilde, pero porque duran tanto, o porque son tan cortos que puedo olvidarlos... No estoy donde quiero estar, estoy donde las circunstancias me han traido, no estoy segura de nada y siento que todo lo que quiero esta muy lejos de ser una realidad.. Me siento perdida sin la posibilidad de ser encontrada.
Aqui llegan todas las almas perdidas de aquellos mortales que no saben a donde ir. Soy un destino olvidado por todo aquel que alguna vez llego a sentir mas allá del amor.
viernes, 19 de julio de 2013
Los Amorosos - Jaime Sabines
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.