domingo, 30 de diciembre de 2012

Luna, Luna.


Oh Luna. Mi cuerpo celeste, mi lucero gigante. Mi amor imposible, mi vida encerrada. 
El tiempo pasa, el mundo da vueltas. Pero la luna siempre esta allí.

Quien nunca ha visto el esplendor de la Luna no entiende el significado de nuestra existencia. A través de los siglos y los milenios cuantos poetas se han inspirado en la Luna, llenando con ella sus vacíos comparándole con sus amores perdidos.

Si la luna hablara derramaría millones de lagrimas por todas aquellas vidas que no ha juntado. Por todos esos versos que no ha escuchado. La misma luna que hoy ha sido vista por tus antepasados. Ella los ha cubierto a todos con su luz. A veces desearía que la noche solo fuera iluminada por la luna. Se sentiría feliz, cumpliría uno de sus propósitos. Pero es menospreciada todos se aprovechan de su bondad. Son pocos los que la miran, pocos los que le cantan con el amor que merece.

En todo caso creo que si soy una lunática solo por admirarla cada noche. 

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